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El gobierno de María Eugenia Vidal atravesó con algunos sobresaltos la primera salida de un ministros. El reemplazo de Carlos Mahiques por Gustavo Ferrari en Justicia, no estuvo exento de polémicas y especulaciones y algunos enojos no disimulados hacia el interior de la alianza gobernante.
Mahiques nunca había logrado hacer pie en el gabinete provincial y era apuntado por algunos sectores del elenco oficial que ostentan y despliegan una buena dosis de poder. Había entrado en una puja interna con funcionarios de la Gobernación que lo comenzó a desgastar prematuramente.
El vencimiento de su licencia como integrante de la Justicia federal apareció como la excusa perfecta para forzar el primer reemplazo ministerial y el arribo de Ferrari, un dirigente cercano en la interna del PRO a Daniel Angelici.
El presidente de Boca es un activo operador judicial. Elisa Carrió, por caso, viene ensayando una cruzada contra él. No resultó casual que la líder de la Coalición Cívica saliera a despotricar contra la llegada del ex Asesor General de Gobierno al ministerio de Justicia bonaerense.
Para Angelici, esa cartera supone sumar poder en el elenco de Vidal. Ya dispone de algunos espacios apetecibles: un dirigente de su sector está a cargo del Instituto de Previsión Social y maneja una porción nada desdeñable de la torta de Lotería.
El radicalismo se enteró de ese reemplazo casi por casualidad. Alguien llamó por teléfono al vicegobernador Daniel Salvador para anoticiarlo de la salida de Mahiques. A Salvador le llegó el mensaje en un momento poco propicio: estaba en la cancha de River atravesando el sufrimiento de observar cómo el San Lorenzo de sus amores era vapuleado por Lanús en la final del torneo de fútbol.
¿ADVERTENCIA?
Nada ya sorprende en la UCR bonaerense en relación al trato que recibe de Vidal y de su gobierno. Un funcionario de tercera línea del PRO con rango de asesor en el área de Asuntos Municipales, acaso cometió un sincericido implacable durante un encuentro partidario en Rauch: aseguró ante intendentes y autoridades partidarias del macrismo que para las elecciones legislativas del año que viene en las listas bonaerense “hace falta más PRO y menos radicalismo”.
No importa tanto el mensajero. La cuestión es que en el partido centenario no pocos piensan que esa es, en realidad, la estrategia del armado oficial de Cambiemos para las elecciones de medio término.
Salvador no ha logrado, hasta el momento, incidir lo suficiente como para que su partido encuentre lugares de relevancia en el gabinete bonaerense. El episodio del reemplazo del ministro de Justicia volvió a poner en tela de juicio su liderazgo.
Por estas horas habría una suerte de revisión de la estrategia que parecía catapultar sin obstáculos a Salvador como próximo presidente del Comité Provincia. El propio vicegobernador estaría analizando si conviene asumir esa responsabilidad en medio de la indiferencia que amplios sectores del PRO dispensan al radicalismo. Mucho más, cuando ya se registran movimientos en la UCR de cara al armado de listas con aspiraciones explícitas que, acaso, no pueda satisfacerse en la negociación con el macrismo.
Ernesto Sanz surge como el principal apoyo de Salvador para ser el sucesor de Ricardo Alfonsín en la conducción bonaerense. El vice preferiría, por ahora, intentar aceitar su relación con Vidal antes de terminar de dar el sí.
Los radicales aparecen además golpeados por la guerra sin cuartel desatada en el Tribunal de Cuentas, un histórico coto desde el retorno de la democracia. Su presidente, Eduardo Grinberg, surgió propuesto por la UCR y, aún con el paso del tiempo, se le reconoce aceitados contactos con sectores partidarios.
La crisis interna entre Grinberg y otro alto funcionarios disparó acusaciones cruzadas y carpetazos con nombres de familiares designados con sueldos elevados por aquí y por allá. En el gobierno bonaerense hay quienes están tentados en echarle el fardo a los radicales. “Que lo resuelvan ellos”, se escuchó en las últimas horas en el gabinete de Vidal.
La idea pasa por forzar reemplazos en el organismo de control, entre ellos, el del propio presidente. No aparece una tarea fácil: los funcionarios del Tribunal cuentan con estabilidad. En el macrismo saben que habrá que meterse en un lodazal político para conseguir vacantes, una tarea y un costo que, piensan algunos, tendría que asumir su socio radical.
FIN DEL ROMANCE
Mientras tanto, para el gobierno bonaerense concluyó la luna de miel que arrancó allá por diciembre con el Frente Renovador. Se espera que, sin mayoría, el oficialismo pueda sacar poco y nada de la Legislatura hasta que llegue el momento del tratamiento del Presupuesto y la ley Impositiva del año que viene que volverá a demandar una negociación con el propio Massa y los intendentes dialoguistas del PJ.
La promocionada ley que limita las reelecciones de los intendentes y legisladores quedó atrapada en esos vaivenes políticos. Tanto massistas como las distintas vertientes del peronismo-kirchnerismo, presionan para que, en conjunto, salga otra norma que impide a un funcionario electo ocupar dos cargos al mismo tiempo.
Hay varios macristas que deberían dejar algunos resortes de poder si se avanza con esa norma. Jorge Macri, el intendente de Vicente López, es además presidente del Grupo Banco Provincia. El diputado de origen radical Fernando Pérez está al frente, también de una secretaría en el gobierno municipal de Quilmes que lidera el cocinero del PRO Martiniano Molina.
En el gobierno de Vidal, con todo, se estaría buscando un resquicio para salvar al primo del Presidente. Cuentan que hay en danza un dictamen de la Asesoría de Gobierno avalando ese doble cargo. Hasta se dice que se estaría gestando una suerte de respaldo legal nacional para que el alcalde del coqueto distrito no se vea privado de acudir a sus oficinas del Banco Provincia.
(*) Periodista de la sección Política
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